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Auco · Rinconada de Los Andes

Un valle que se volvió santuario

De la voz indígena av-co, «aguas escasas». En este rincón árido del Aconcagua, Chile construyó la casa de su primera santa — y el paisaje reverdeció.

La historia: una santa que no cabía en la ciudad

Juanita entró en 1919 al Monasterio del Espíritu Santo, en la ciudad de Los Andes. La devoción nació casi junto con su muerte: en 1920, con la noticia, corría la frase «ha muerto una santa», y pronto llegaron cartas de gracias de todo Chile. En 1929 se publicó su primera biografía.

Para 1982, la clausura en medio de la ciudad se había vuelto imposible: Teresita convocaba más fieles de los que la capilla podía recibir. Cuando se supo que sus reliquias dejarían Los Andes, los andinos resistieron en una campaña que llamaron la «guerra santa»: miles de firmas contra el traslado.

La beatificación de 1987, durante la visita de Juan Pablo II a Chile, desató la construcción del nuevo santuario junto a la antigua Hacienda de Chacabuco — tierra del abuelo de la santa. El cardenal Juan Francisco Fresno bendijo la primera piedra el 16 de enero de 1988, y el 11 de diciembre de ese año Teresita fue trasladada a su cripta, cuando el santuario aún estaba en obras.

Fotografía histórica del camino al santuario engalanado con banderines, con peregrinos a caballo y en bicicleta
El camino a Auco, en los primeros años

Los lugares

El templo del santuario entre árboles, con la cordillera nevada al fondo

El Templo

Dedicado a la Virgen del Carmen, patrona de Chile. Arquitectura carmelitana de muros blancos, tejas y aleros de madera, obra del arquitecto Raúl Irarrázabal: 1.000 m² de hormigón armado antisísmico. Su pórtico, a cinco metros de altura, sirve de presbiterio para las misas al aire libre frente al monte Aconcagua. Arriba, cuatro campanas alemanas (Rincker) con nombres del Carmelo — Teresa de Los Andes, Juan de la Cruz, Teresa de Lisieux y Teresa de Ávila — suenan en el valle desde 1998. Adentro, el mural luminoso de Gonzalo Correa enmarca el tabernáculo de las orfebres Ana María Richard y Patricia Rivera y la imagen tallada de la Virgen del Carmen.

Interior de la cripta: murales coloridos y flores alrededor de la tumba de la santa

La Cripta

Bajo el templo descansan los restos de Santa Teresa, en un sarcófago de piedra rosa-oscura de Chacabuco. Los devotos dejan sus flores alrededor de la tumba. Los murales — obra de la hermana benedictina Alejandra Izquierdo — evocan su vida: su familia, su juventud, la equitación que amaba. Sobre la tumba, la cúpula pinta el Espíritu Santo y la Creación, rodeada por la lámpara circular de Pedro Prado, inspirada en la Capilla Palatina de Aquisgrán. Al lado este, la Capilla Penitencial con ocho confesionarios; al oeste, la pequeña Capilla de la Eucaristía.

La estatua blanca de Santa Teresa rodeada de flores rojas bajo el cielo del valle

La Imagen Externa y sus muros de gracias

En julio de 1999, al abrirse el centenario del nacimiento de la santa, se bendijo esta imagen de Eduardo de las Heras sobre un montículo. Sus dos muros blancos son el lugar donde mejor se expresa la devoción popular: placas de agradecimiento por favores recibidos, dejadas por familias, ancianos, niños y jóvenes. Aquí están también los candelabros — el único lugar autorizado para encender velas — y nace la avenida que cruza la explanada hasta la Casa de Espiritualidad.

Museo de Teresita

Al costado sur de la cripta. Resguarda las reliquias más queridas de la santa — su hábito, sus libros, los enseres donados por su madre, la señora Lucía, y por sus amigas — que muestran cómo estudiaba, cómo vivía, quién era.

Museo de la Fe

Al costado norte de la cripta. La colección privada de arte religioso hispanoamericano que el padre Miguel Ortega Riquelme legó al monasterio: imágenes del Niño Jesús, crucifijos y bustos de santos que introducen al peregrino en los misterios de Dios.

El Vía Crucis

Un camino de reconciliación con Jesús a través de sus estaciones, entre los cerros del recinto. La Cruz de la Misión Joven corona su recorrido.

Quienes lo habitan

Los Padres Carmelitas

Desde 1988, los Carmelitas Descalzos dirigen el santuario y atienden a sus peregrinos. Al principio no tenían casa en el recinto: subían los fines de semana a dar los sacramentos, hasta que un vecino ilustre de Rinconada, don Mariano Galdames, les facilitó una casita en el fundo La Monja. Hoy la comunidad la integran el rector, padre Erwin Montoya del Campo, y los padres Alfredo Miralles, Pablo Moraza y Cristian Ogueda.

Las Madres Carmelitas Descalzas

Son el alma del recinto y las hermanas de Teresa. Se levantan a las 5:30 a rezar en común, participan de la misa de las 8:00 y viven de su trabajo: su huerta, sus mermeladas — que venden en la portería — y las velas que se venden en el santuario. Los peregrinos les escriben cartas dirigidas a Teresa de Los Andes o a Juanita Fernández Solar; ellas las llevan al Señor. Al caer la noche, con el rezo de Completas, la jornada llega a su fin.

Santa Teresa de Ávila quiso comunidades pequeñas — nunca más de 21 hermanas — para conservar el vínculo estrecho.

De Chacabuco al Carmelo

La peregrinación juvenil «De Chacabuco al Carmelo, un camino de santidad» — organizada por la Vicaría de la Esperanza Joven junto al santuario — parte alrededor de las 6:00 desde Casas de Chacabuco y sube la cuesta durante 27 kilómetros. Convoca normalmente a más de 50.000 jóvenes, con más de mil buses, estaciones de animación, puestos de agua y primeros auxilios a lo largo de la ruta.

Al llegar, los jóvenes bajan a la cripta a saludar a Teresita en momentos rotativos de oración, y la jornada culmina con la eucaristía en la explanada, presidida por el cardenal arzobispo de Santiago. Se celebra generalmente el tercer sábado de octubre.

«Tres cosas tiene el Amor, que no se pueden olvidar: que Dios nos amó primero, que hay que darse por entero… y ponerse a caminar.»

Canción de la caminata

Si vienes con tu parroquia, colegio o movimiento, coordina la visita con la Secretaría de Pastoral: pastoral@santuarioteresadelosandes.cl

La multitud de la peregrinación juvenil llena la explanada del santuario
Obispos y sacerdotes concelebran la eucaristía al aire libre entre palmeras

La Fundación que lo sostiene

El santuario es «lugar privilegiado de la expresión y evangelización de la religiosidad popular»: su misión es acoger fraternalmente a todo el que llega. Lo administra la Fundación Teresa de Los Andes, sin fines de lucro, que vive de los aportes voluntarios de los peregrinos — su principal ingreso — recibidos en las alcancías del recinto y por transferencia.

Con esos aportes se mantiene el recinto y se sostienen obras sociales del valle: el Seminario Mayor de San Felipe, el Hogar de Niñas Divina Providencia, la Fundación María de la Luz, la Escuela Sagrado Corazón de Jesús de Chincolco y el Obispado de San Felipe, entre otras.

Unos 100.000 peregrinos pasan por Auco cada mes. Mantener el santuario en pie es obra de todos ellos.

Para aportar

Fundación Teresa de Los Andes
RUT 71.553.000-7

  • BCI69020752
  • BancoEstado22300055889
  • Santander42-0008219-8
  • Scotiabank4300003-9
  • BICE01-71164-4

Comprobantes y consultas: contacto@santuarioteresadelosandes.cl

Tienda oficial del santuario